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~josproncio

Johnny Walker Jones III Jr.
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La política es super

Sat Sep 12, 2009, 7:55 AM
La política, por definición, es una de los campos más importantes que puede haber. Tener en las propias manos el futuro de un país es una responsabilidad gigantesca.
La política no es para gente con miedo, pues implica un conocimiento supremo de los engranajes que rigen una nación, una sabiduría necesaria para encontrar las posibles decisiones y una fortaleza suficiente para elegir una.
Un dirigente es una persona que tiene que asegurar el bienestar de sus ciudadanos, aunque implique ir en contra de las decisiones más populares que significan pan para hoy y hambre para mañana, para tomar aquellas determinaciones que supongan un futuro seguro.

A día de hoy, esta, como tantas otras, es una profesión que ha pervertido su origen y se ha convertido en una cosa radicalmente distinta.
La aparición de los partidos era necesaria para dejar que la gente eligiera cuál era su visión del mundo y votar a aquellos que parecieran preservarla. Pero todo se ha trastocado, y los partidos políticos no son ahora más que simples marcas.

Cegados por la visceralidad que los propios políticos se centran tanto en crear y extender, ya no vemos más allá de nuestras narices y nos da igual el futuro de la nación mientras sean los nuestros los que ganen.
Nos importa un comino la firmeza y la sabiduría si un tipo no sabe espolear ese hooligan que llevamos dentro para lanzarnos a votar.

En última instancia, todo es un gran circo bizarro, una delirante y tonta campaña de publicidad en la que partidos y políticos buscan dar un simple placebo temporal a la multitud, con la esperanza de que ésta se olvide de todas las cosas.

Ser político implica tanto saber ganar como saber perder, y saber perder no es acusar a los demás tontamente, sino aceptar la voluntad del pueblo, que para eso vivimos en una democracia.
Implica apoyar las decisiones correctas y criticar constructivamente las erróneas. No significa oponerse a todo, porque eso, lo vean como lo vean, no es oposición, es borreguismo puro y duro.
Implica buscar el bien de las naciones y del mundo, no la permanencia de uno mismo en el poder y el enriquecimiento a costa de la corrupción.
Implica saber lo que se hace y tomar las decisiones que el país necesita, no subirse a las modas para dar una imagen de perfección pútrida y corroída por dentro.

Y lo vean como lo vean, estos son unos males de los que están aquejados la inmensa mayoría de los políticos, incluidos aquellos que aseguran ser progres, modernos y se afanan tanto en ser nuestros compinches.

Un poco de dignidad, por favor.

  • Mood: Llama

Momento Blog: El Blog Mortal 2.0

Mon Jun 15, 2009, 3:27 AM
Como no soy más que una **** de las modas, una inocente victima de las circunstancias, aquí anuncio, a quien sea que esté leyendo esto (hola, mama), que a partir de ahora los journals cinéfilos, políticos, comprometidos y las gilipolleces varias podrán encontrarse en [link]
La única pega al mundo de los blogs es la incapacidad de estar en "LLama Mood".

  • Mood: Llama
  • Listening to: Michael Giacchino
  • Reading: Psiquiatria y psicofarmacología
  • Watching: El secreto de la piramide
  • Drinking: Coca Cola

Momento Crítica III: Ángeles y demon

Fri May 15, 2009, 1:37 PM
Si alguno de ustedes sigue leyendo o visitando este Deviant, que Dios le bendiga por su paciencia infinita.


Desde hace unos años, el termino best seller ha sido, para un servidor, una forma de juntar todos esos libros que jamás se me ocurriría leer. Con el éxito que tuvo El código Da Vinci, decidí darle una oportunidad al tal Dan Brown. En un inesperado giro de los acontecimiento, el horror se apoderó de mi desde el primer capítulo. Siempre me ha gustado imponerme unos límites y creo que el monje albino asesino en el museo del Louvre y la reunión con su siniestro y religioso señor del mal, los traspasó todos de la forma más violenta y espectacular posible.
No me dio tiempo a llegar a la parte supuestamente interesante (en la que el señor Brown plantea todos esos dilemas y teorías varias) porque no pude evitar recordar los best sellers que había intentado leer años atrás; todos ellos con historias sacadas de malos telefilmes (que generalmente giraban alrededor de la profesora/el profesor de la universidad de Yale/Harvard y sus múltiples aventuras descubriendo misterios que sacudirán los cimientos de la historia humana) y escritos no tanto pensando en la acción en sí como en cómo se vería ésta en una pantalla de cine.
Con este panorama, las ideas que se planteen (sean originales o prestadas) quedan diluidas en un folletín sin fundamento en el que el protagonista no elabora teorías sino que las prueba en ese universo ficticio en el que todo es cierto. Si Robert Langdon dice que la tumba de María Antonieta está en la antorcha de la estatua de la libertad, por Dios que así será.
Puedo sentir curiosidad por lo que en su día descubrió El código Da Vinci, pero prefiero acudir a fuentes que respalden los hechos de forma más o menos veraz, en lugar de leerlos adornados con eruditos que traman siniestras conspiraciones judeo-masónicas.

Con todo, podríamos haber esperado un espectáculo entretenido de la adaptación del libro a la pantalla grande; pero ésta termino yendo por otros derroteros. El código Da Vinci, la película, carecía absolutamente de personalidad al ser simplemente una traslación del libro a la pantalla. El terrible guión de Akiva Goldsman era un mal copia-pega que no se preocupaba del ritmo de la película o de lo que pedía el medio cinematográfico tanto como de meter absolutamente todo lo que había en el libro, por muy forzado que sea. Una cosa que, a día de hoy, es lo que piden muchos fanáticos y seguidores, que parecen amar el libro-cómic-obra sólo por la posibilidad de que algún día sea adaptado al cine.

El primer (y quizás único) cambio sustancial de Ángeles y Demonios con respecto a El código Da Vinci, es la incorporación en el guión de David Koepp y todo lo que trajo consigo. Así, aunque éste haya pasado tiempos mejores (de Atrapado por su pasado a Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, existe todo un abismo), sigue siendo capaz de guardar unos mínimos que no guardó Goldsman en la anterior película (sería interesante conocer el porcentaje de su contribución a Ángeles y demonios). La traslación se convierte entonces en una adaptación, limitada y sin demasiada gracia, pero que al menos entiende mejor el ritmo y realiza una obra mucho más cinematográfica que su predecesora (y, ya que estamos, que el Watchmen de Snyder), eliminando las larguísimas explicaciones (y sus flashbacks) que perfectamente pueden resumirse en dos o tres frases.
Obviamente, esto sigue sin hacer Ángeles y demonios una buena película. Así, nos encontramos con esos enigmas que parecen sacados de una aventura gráfica (o, peor aun, de un ejercicio de juntar los puntos para descubrir el animalito), a los que tenemos que añadir un contexto con un enorme potencial (la "lucha" entre ciencia y religión) que es desaprovechado con escenas de una simpleza increíble (el discurso de Ewan McGregor) o momentos vergonzosos (cuando los personajes estén atrapados, la decisión más lógica será la última que tomarán).
Aun así, existe un dinamismo y una agilidad que hacen de la película un espectáculo más ameno que El código Da Vinci u otras obras vistas este año (por mencionar, The International o Wolverine).

En lo que hace referencia al resto de los departamentos, todos mantienen una continuidad perfecta con su trabajo en la anterior película, a excepción del peluquero de Tom Hanks (gracias a Dios): Ron Howard se pone tras la cámara y de vez en cuando hace esos planos vistosos tan prescindibles (y digitales), Tom Hanks pone su cara habitual y cobra el cheque (al menos, se le ve más agradecido por tener un guión menos monótono), Salvatore Totino ilumina la película con una vela mortecina y gracias (la oscuridad de la imagen termina resultando crispante) y Hans Zimmer sigue el tono de su partitura anterior (que aquí se adapta mucho mejor a la acción).

Ángeles y demonios no deja de ser una película tan irrelevante como poco elaborada y algo vergonzosa, pero que, consciente de su carácter de blockbuster veraniego (o casi), tiene un ritmo más ágil que, al menos, nos da 140 minutos entretenidos. Y con lo que estamos viendo últimamente, se agradece.

  • Mood: Llama
  • Watching: Ángeles y demonios
  • Drinking: Coca Cola

Momento Crítica II: Star Trek XI

Sat May 9, 2009, 1:46 PM
Porque yo sólo veo películas de infima calidad...
hoy, "Star Trek XI: borrón y cuenta nueva"

Algunos acentos han tenido que ser eliminados, para evitar que Deviantart los transforme en insinuantes guiños; no piensen por ello que soy analfabeto.

A la hora de encarar esta actualización de la célebre saga de ciencia ficción, una de los aciertos de Abrams y su equipo (por no decir el único) es conseguir una película que sirva a la vez como guiño a los trekkies de toda la vida (el papel de Nimoy tiene sentido) e iniciación a los que no entienden nada de este universo (haciendo una película con más acción y monstruos que las películas originales y, de paso, mucho más topica), utilizando el tiempo como forma de legitimar todos los cambios realizados en los personajes y sus personalidades. Así, las potencialidades de este nuevo Star Trek son infinitas.

El guión cae en manos del temible duo Orci/Kurtzman, a los que debemos la bizarra La leyenda del Zorro, o la entretenidísima (no por méritos del guión) Transformers. Éstos llevan la historia por senderos ya muy conocidos (que hablan sobre la valía, la superación personal, la amistad y, por supuesto, los monstruos y las naves espaciales), pero lo hacen sin el más mínimo interés, cayendo en el ridículo ya desde su primera escena (que, de tan exagerada, casi produce risa). La juventud de los personajes sólo sirve para convertirlos en una especie High School Musical en el espacio, sobretodo en su primera media hora (la escena de la niñez de Kirk y su pelea en el bar resultan surrealistas y fuera de lugar, especialmente al ser adecentadas con canciones rockeras de moda), tras la cual la cosa se convierte en una sucesión de escenas de acción, chistes varios (su humor es tan ridículo como prescindible) y presentaciones de personajes (para las cuales éstos siempre mirarán a cámara, esperando que la imagen se congele para que aparezca su nombre) que, como en el caso de la mencionada película de Michael Bay, podrían salvar la película en manos de un director competente.

El principal problema de esta nueva película de Star Trek es que J.J. Abrams no tiene ni idea de qué hacer con la cámara o dónde ponerla. Ya sucedía en su anterior película, donde utilizaba planos más o menos vistosos en momentos puntuales. Aquí utiliza esos planos con una frecuencia inusitada y gratuita en la inmensa mayoría de los casos (con esos giros y movimientos extraños), y descuida enormemente la mayoría de escenas (la presentación de Spock frente al consejo es de verdadera vergüenza). Esta dirección, junto al montaje, hace una película que termina resultando tan cansina (la recreación del puente de mando es sorprendentemente aburrida, así como esa manía de cegar la cámara con luces intermitentes) como confusa (la pelea en el bar) y carente de emoción: las batallas espaciales parecen un simple desfile de efectos (brillantes, eso si), orquestados por el ayudante de dirección (con el máximo respeto a esta profesión, por supuesto). Así, uno no puede dejar de recordar la reivindicable Cloverfield (injusta y desmedidamente adjudicada a Abrams), en la que Matt Reeves (anunciado como el apadrinado de J.J.) demostró un dominio de la cámara y una planificación (especialmente, teniendo en cuenta las limitaciones de su propuesta) que, si bien no resultaban especialmente brillantes, sí hacen palidecer al trabajo de Abrams (y al de muchos otros, ya que estamos).

Los actores, por su parte, hacen lo que buenamente pueden con su papel, que, en la mayoría de los casos, es bastante limitado (ahí está Simon Pegg, el tipo con más carisma de todo el reparto, relegado a secundario gracioso con voz de Ross Geller).

Si en algo destaca, pues, esta nueva película, es, como no podía ser menos, en los efectos visuales (que resultan pasmosamente realistas) y en la banda sonora del siempre eficiente Michael Giacchino (si bien recuerda en ocasiones a su trabajo en Perdidos y resulta algo irregular, la creación de un tema completamente nuevo, dejando el de Courage para homenajes, enfatiza que estamos frente a un universo nuevo).


Como le pasaba a M III, la película descansa en un guión no demasiado elaborado, que podría resultar entretenido en manos de un director con más personalidad o que, al menos, supiera como utiliza una cámara.

  • Mood: Llama
  • Watching: Star Trek XI
  • Drinking: Coca Cola

Política ergonómica, parte V

Tue May 5, 2009, 4:53 AM
Me gusta considerarme una persona ligeramente neutra en términos políticos. Obviamente, no apolítica, ya que tal concepto no existe (la omisión misma de voto es política).
Así, me gusta estar un poco al margen de ese odio radical que existe entre unos y otros partidos políticos, para verlo desde fuera y comprobar que, básicamente, no me gusta ninguno. Recientes ejemplos han demostrado que los únicos políticos que parecen tener algo de carisma, se libran de ella en cuanto tienen oportunidad de hablar.
Y es que todo el panorama nacional está envuelto en ese odio constante, en el que los políticos, más que querer el bien de la nación, quieren ganar las elecciones (y si ello conlleva ser presidente, pues habrá que serlo), una visión puramente egoísta y autocomplaciente. Así, tanto da quién gobierne porque, en última instancia, todos estarán eludiendo sus responsabilidades (¿Corrupción? No me suena la palabra, oiga), echándose laureles (por supuesto, cada partido es el único que puede sacarnos de la crisis y concedernos la vida eterna, o algo asi), creando tanta mala sangre como les sea posible (da igual que la decisión tomada sea correcta, hay que criticarla para demostrar que se hace oposición), y, básicamente, comportándose como niños de primaria. A uno se le cae la cara de vergüenza cuando ve una de estas cámaras llenas de representantes del pueblo, bien vestidos y supuestamente educados, que se ponen a abuchear, aplaudir, gritar y comentar; como quien está en un partido de fútbol. Y, oigan, que no hablamos ya de brillantez política o inteligencia suprahumana, sino de que se están rompiendo hasta las más básicas y elementales normas de comportamiento; y esto se extiende por todas partes. Los debates, mitines y otros derivados parecen estar destinados a sembrar el alarmismo, la polémica y, básicamente, señalar al contrincante y decir “tu más, tu más”, no importa lo mucho que haya que retroceder en la historia.
Y, por qué hablo yo de todo esto? Hoy mismo ha tenido lugar un acontecimiento político de gran importancia en el País Vasco; por primera vez en 30 años, llega un gobierno que no es nacionalista. Y, por supuesto, llega envuelto en la polémica, en los ataques y en un tono general de “el que no está conmigo, está contra mi”, que también es bastante habitual en el panorama nacional. Así, los hay que no pueden aceptar que una persona se ponga del bando de los “malos” cuando cree que tienen razón, y comienzan a sacar los trapos sucios con intención de dejar a su oponente en evidencia (o eso creen); así, si manifestara mi conformidad con la actuación del Partido X, ya los habría que saldrían con citas y comentarios de ese mismo partido, que bien pudieran remontarse 50 años, a decir “Si estás de acuerdo con su actuación, deberás estarlo con estos comentarios”.
O eres del PP o eres del PSOE, pero no de los dos a la vez. Ya ven que todo se ha reducido a la competición partidista, y en el bienestar de la nación ya pensaremos otro día.

Así pues, siempre conviene clarificar las cosas mil veces para evitar malentendidos o palabras malintencionadas (que, no obstante, siempre habra). Y, oigan, que yo no soy precisamente un ferviente seguidor del hombre que ha estado gobernando los últimos años el País Vasco y reconozco perfectamente la legalidad de lo que ha pasado/está pasando. No obstante, sí me llama la atención el hecho de que dos partidos tan brutalmente antagónicos, sean capaces de pactar para echar a un tercero. Y es que uno puede comprender perfectamente los pactos, alianzas, traspaso de votos o lo que sea (tanto importan estos detalles, realmente), entre partidos con gran amistad; pero cuando dos enemigos se unen para derrotar a un tercero, volvemos al tema de que poco importa la voluntad del pueblo, mientras yo pueda gobernar. Si hace falta, se pacta con el diablo, oigan.
Así pues, ahora ha salido la gente a hablar del soplo de aire fresco que va a venir por esta zona y, tras acusar al partido contrario de alarmista o polémico, hablan de que por fin la democracia ha llegado y otros delirios parecidos. Y la verdad es que quedo confundido al ver que la opinión del pueblo de bien poco parece contar, cuando estamos hablando de 30 años de gobierno nacionalista democraticamente elegido, y la gente se lanza a hablar del cambio como la herramienta de salvación absoluta para el monopolio de yo qué sé qué partido, como si éste fuera culpable de su reinado constante cuando, en última instancia, está totalmente a merced de los votantes.

  • Mood: Llama
  • Listening to: Ralph Vaughan Williams
  • Reading: Scott Pilgrim
  • Watching: 24
  • Drinking: Coca Cola

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